Necesidades de mantenimiento y limpieza de espacios verdes urbanos

/ mayo 2, 2019

El crecimiento de las ciudades y de su población en las últimas décadas ha provocado la proliferación en paralelo de zonas verdes y arbolado de viario que contribuyen a una mejora del estado medioambiental en las urbes (fijación de CO2 atmosférico, termorregulación ambiental, reducción del efecto invernadero,…), un efecto estético positivo y un incremento de la calidad de vida en la ciudadanía

Pero estos efectos positivos de parques, jardines y arbolado público se encuentran asociados a una serie de servicios que hacen frente a la necesidad de recogida de restos vegetales (hojas, ramas, restos de poda,…) y de limpieza generalizada proveniente del uso social de las zonas verdes.

Históricamente, en nuestro país, los ayuntamientos han seguido un proceso intenso para desarrollar los equipamientos destinados a la conservación de los espacios verdes públicos y a tratar de equiparlos a nuestros vecinos europeos, que siempre han estado por delante en esta materia. La media recomendada por la Unión Europea de proveer de un mínimo de 10-20 m2 de zona verde por habitante, ha contribuido a la aparición de una superficie cada vez mayor destinada a la construcción de éstos espacios, multiplicando por hasta dos y tres veces las necesidades de conservación de áreas verdes. Para poder hacer frente a este incremento en mantenimiento y limpieza, los ayuntamientos se han visto abocados a aumentar las plantillas en algunos casos, pero siendo la norma general aplicada subcontratar este servicio a empresas privadas de jardinería y paisajismo que han tenido que asumir las labores de conservación y limpieza de las zonas verdes, siempre bajo la coordinación de los responsables medioambientales municipales.

En este sentido, los Servicios de Parques y Jardines Públicos de los ayuntamientos se encuentran ante el reto de asumir estas necesidades de mantenimiento, en superficies de espacios verdes cada vez más crecientes, con dotaciones en recursos material y humano dispares y siempre sujetos a la capacidad económica de cada caso. Para la gestión de conservación, por un lado, lo ideal es realizar la planificación del mantenimiento y limpieza de zonas verdes para actuaciones que se realizan de manera habitual y de forma generalizada (recogida de desechos vegetales, retirada de contenido en papeleras, limpieza de caminos y senderos, rastrillado en praderas y parterres, etc.), así como por otro lado, dejar constancia que existen otras actuaciones puntuales y específicas que precisan ser atendidas en el momento en que suceden y que también deben ser contempladas durante la planificación del mantenimiento. Como suceso eventual que cree la necesidad de actuaciones imprevistas, podemos incluir el ejemplo del ataque de una plaga de ácaros rojos ocurrido en diversas ciudades de España durante el verano, que han provocado la defoliación de árboles en calles y parques, y que actúa con la subida del calor dejando en el suelo una manta de hojas siendo, preciso realizar labores de retirada en aceras al igual que se hace en otoño. Este ataque ha tenido como consecuencia el incremento de las actividades de limpieza en un momento en que no se tenía previsto.

También es apropiado en la planificación en materia de mantenimiento y limpieza, contemplar que cada parque y cada jardín presenta características propias singulares y, por lo tanto, exigen unas necesidades de conservación diferentes. Existen parques con abundante arbolado boscoso, praderas y setos de profusa vegetación, mientras que existen otros con amplios espacios pavimentados o plazas duras y con una mayor ausencia de especies vegetales. Por ello, los planes de mantenimiento de los Servicios de Parques y Jardines deben ser específicos a las características de cada zona verde para permitir optimizar los recursos disponibles, ya sean humanos o materiales

@revistalimpieza.es

 

Compartir esta publicacion